Agua de recuerdos
Contrario a lo que he llegado a publicar en este espacio en esta ocasión recibirán una historia real de su servidor, independientemente de que les guste espero que pueda generar una reflexión por que a veces pensamos que las personas a las que amamos siempre estarán ahí y se nos hace fácil dejar de escribirles, llamarles o por lo menos enviarles un SMS pero realmente uno nunca sabe cuando el destino va a dar un giro que te cambie la vida.
Agua de recuerdos
Por José Méndez
A mí siempre me han gustado las aguas frescas de todos los sabores, pero una de mis favoritas es la de limón por que en cada sorbo está el recuerdo de Mamá Tita y Papá Tito.
Cuando era niño el trayecto de la primaria a la casa era uno de los más complicados, siempre saturado de tareas, cosas que estudiar, regaños de los profesores y una que otra amenaza de los compañeros a los que les caía mal; basta con recordar eso para que no volvamos a decir que ser niño es lo más fácil del Mundo.
Afortunadamente en esos momentos siempre había algo que te ilusionaba y para mí lo mejor del Mundo era que en ese trayecto podía detenerme junto con mi madre a descansar un poco en el hogar de Mamá Tita; entrar a su casa era llenarse de su cariño y tener una sensación especial en el cuerpo, un calor que jamás he vuelto a sentir; pero también significaba refrescarse un poco con el agua de limón que ella preparaba en épocas de calor pero si hacía frío lo que ofrecía era una taza de chocolate caliente y si le pedías un bolillo para acompañarlo nunca te lo negaba.
Mamá Tita no vivía sola, siempre estuvo para ella Papá Tito, una de las personas mayores más peculiares que he conocido, tanto por su sonrisa que parecía tatuada en su cara como por su larga y blanca barba; yo siempre lo veia usando gorrito rojo y con la curiosidad típica de un niño, un día me animé a preguntarle:
- Papá Tito ¿Tú eres Santa Claus? –
- Sí mijo, yo soy Santa Claus – Me contestó mientras sonreía
El tiempo transcurrió y todos aquellos niños que fuimos refrescados por el agua de limón de Mamá Tita o nos refugiamos en un abrazo de Papá Tito maduramos; sin embargo el tiempo nos hace cometer errores, uno de ellos es distanciarnos al pensar que aquellos a los que amamos siempre estarán ahí, en el mismo sitio y a esto le agregamos la tonta idea de que siempre podemos dar marcha atrás.
Pero hace casi 10 años no hubo marcha atrás, el clima frío y la decadencia que todos experimentaremos un día hicieron que el calor de los abrazos de Papá Tito se extinguiera y que su sonrisa solo se me quedara grabada en el corazón.
Siempre fue su gran amor, sin embargo la ausencia de Papá Tito no impidió que Mamá Tita continuara repartiendo amor a otros, especialmente a los niños como yo, aún sin verlo sabíamos que un pedacito de su corazón iba en forma de un vaso con agua de limón o de una taza de chocolate caliente.
El tiempo volvió a transcurrir, de niño me parecía que pasaba frente a mis ojos como un antiguo reloj de arena pero en realidad se había escabullido como un acelerado cronómetro.
Hace casi un año lo supe por medio de una conversación entre mi abuelita y mi padre, el instante fue tan extraño como doloroso, los ojos no derramaron lágrimas pero el corazón se había rasgado y podía romperse en cualquier momento, Mamá Tita se había ido en un injusto silencio.
Imagino que Papá Tito ya no se daba abasto haciéndola de Santa Claus entre los niños que vinieron al Mundo y por circunstancias del destino tuvieron que volver al Cielo; quizás por eso Mamá Tita tuvo que partir a ayudarle con su labor.
Alguna vez un amigo me pidió que le dijera alguna característica de Dios, le dije varias pero ahora que lo pienso al Señor también debe gustarle el agua de limón tanto como a mí; si estos es cierto entonces le atinó en su decisión por que no hay agua de limón más rica que la que hacía Mamá Tita.



